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(El País, 12-06-2026)

El Consejo Fiscal Europeo ve “muy cuestionable” permitir que los países gasten más para afrontar la crisis energética

El Consejo Fiscal Europeo ha mostrado su desacuerdo con la propuesta planteada por la Comisión Europea para flexibilizar temporalmente las normas fiscales y permitir a los Estados miembros disponer de un mayor margen de gasto público con el fin de afrontar las consecuencias de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo. A juicio de este organismo independiente encargado de supervisar las finanzas públicas de la Unión Europea, la medida resulta discutible y podría generar efectos contraproducentes. En un informe presentado recientemente, el Consejo Fiscal advierte de que esta nueva flexibilidad presupuestaria podría favorecer incrementos discrecionales del gasto que no siempre estarían justificados, especialmente en un contexto en el que la inflación vuelve a mostrar una tendencia ascendente. El presidente de la institución, Pieter Hasekamp, expresó abiertamente sus reservas respecto a la iniciativa de Bruselas, al considerar que transmite un mensaje equivocado sobre la disciplina fiscal. La propuesta de la Comisión contempla que los países puedan destinar hasta un 0,3% de su producto interior bruto a inversiones y medidas orientadas a reducir la dependencia energética de los combustibles fósiles. Esta posibilidad se integraría dentro del margen excepcional ya aprobado para incrementar el gasto en defensa. Desde 2025, los Estados miembros pueden superar temporalmente los límites fiscales pactados con la Unión Europea hasta un máximo equivalente al 1,5% del PIB sin exponerse a procedimientos sancionadores, siempre que esos recursos se destinen a determinadas prioridades estratégicas. La nueva propuesta permitiría utilizar una parte de ese margen para actuaciones vinculadas a la seguridad energética. Aunque el importe adicional no supone una ampliación del límite global ya autorizado, el Consejo Fiscal considera que existe una diferencia relevante entre ambas situaciones. Mientras que la flexibilización aprobada para defensa respondía a circunstancias geopolíticas excepcionales y urgentes, la institución teme que la incorporación de nuevas excepciones pueda generar la percepción de que cualquier crisis justifica modificar las reglas presupuestarias. Según el organismo, repetir este tipo de medidas extraordinarias durante años consecutivos puede erosionar la credibilidad del marco fiscal europeo y debilitar la confianza en las normas que regulan la estabilidad presupuestaria de los Estados miembros. Además, el informe advierte de que un incremento del gasto público en el actual contexto económico podría contribuir a mantener las presiones inflacionistas. Un mayor desembolso por parte de las administraciones podría estimular la demanda y dificultar el proceso de moderación de los precios que persiguen las autoridades monetarias. Las críticas del Consejo Fiscal Europeo no se dirigen únicamente a la propuesta de la Comisión. También cuestionan la forma en que muchos gobiernos europeos han respondido al encarecimiento de la energía. Según sus estimaciones, cerca de dos tercios de las medidas aprobadas para aliviar el impacto de la crisis consisten en reducciones generalizadas de impuestos sobre los combustibles, en lugar de ayudas dirigidas específicamente a los colectivos más afectados. Esta estrategia se aleja de las recomendaciones formuladas tanto por la Comisión Europea como por diversos organismos internacionales, que defendían la aplicación de medidas temporales, focalizadas y adaptadas a las necesidades de los sectores más vulnerables. Las rebajas fiscales generalizadas, aunque alivian el coste energético para todos los consumidores, no cumplen plenamente con esos criterios de selectividad. No obstante, el informe reconoce que el volumen total de ayudas desplegadas hasta ahora sigue siendo relativamente moderado y que la mayoría de ellas tienen una duración limitada en el tiempo. Por este motivo, el Consejo Fiscal considera que, en principio, estas medidas no deberían generar efectos significativos sobre las cuentas públicas europeas a partir de 2027. En el caso de España, por ejemplo, algunas de las medidas adoptadas para contener el impacto de la crisis energética tienen una fecha de finalización próxima, salvo que el Gobierno decida prorrogarlas nuevamente. Esta naturaleza temporal reduce el riesgo de que se conviertan en gastos estructurales permanentes para las administraciones públicas.

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(El País, 12-06-2026)

El FMI recorta otras dos décimas el crecimiento de la eurozona, al 0,9%

La economía de la eurozona afronta un panorama cada vez más complejo como consecuencia de la guerra en Oriente Próximo y las tensiones derivadas del bloqueo del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo y gas. En este contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento para la zona euro y estima ahora que el PIB avanzará un 0,9% en 2026, dos décimas menos de lo previsto hace apenas unas semanas. Aunque el ajuste pueda parecer moderado, refleja el rápido deterioro de las perspectivas económicas provocado por la crisis energética. El organismo considera que el conflicto está generando un importante impacto negativo sobre la actividad económica, al debilitar la confianza de empresas y consumidores y endurecer las condiciones financieras. Además, prevé que las presiones inflacionistas vuelvan a intensificarse. La nueva previsión del FMI coincide con las estimaciones realizadas por la Comisión Europea y se acerca a las de la OCDE, que sitúa el crecimiento de la eurozona en el 0,8% este año. Sin embargo, el organismo internacional advierte de que los riesgos continúan aumentando y que el escenario podría empeorar si persisten las dificultades en el suministro energético procedente del golfo Pérsico. Según el Fondo, una crisis energética prolongada podría impulsar aún más la inflación y deteriorar las expectativas económicas. A ello se sumarían posibles tensiones financieras y una pérdida adicional de confianza que acabarían reduciendo el consumo y la inversión. La institución también alerta de otros factores de riesgo, como una eventual escalada de la guerra en Ucrania o un repunte del proteccionismo comercial internacional, especialmente ante la incertidumbre generada por la política económica estadounidense. Pese al empeoramiento de las perspectivas, el FMI recomienda a los gobiernos europeos actuar con prudencia y centrar sus esfuerzos en contener la inflación. En este sentido, insiste en la necesidad de preservar la disciplina fiscal y evitar un aumento excesivo del gasto público. El organismo se muestra especialmente crítico con las propuestas para flexibilizar las reglas presupuestarias europeas con el objetivo de facilitar la respuesta de los Estados a la crisis energética. A su juicio, una relajación adicional de las normas fiscales podría poner en riesgo la credibilidad de los marcos presupuestarios y contribuir a un aumento aún mayor de la deuda pública. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, trasladó este mensaje a los ministros de Finanzas de la eurozona reunidos en Luxemburgo. La responsable del organismo subrayó que la duración y el alcance de la actual crisis energética siguen siendo inciertos, por lo que considera imprudente diseñar políticas económicas basadas en la expectativa de una resolución rápida del conflicto. Por el contrario, defendió la necesidad de mantener margen fiscal suficiente para afrontar posibles escenarios más adversos. La Comisión Europea, por su parte, defiende que la flexibilidad presupuestaria planteada tiene un carácter temporal y estará limitada a inversiones relacionadas con la transición energética, lo que permitiría compatibilizar el apoyo a la economía con la sostenibilidad de las cuentas públicas. El FMI también cuestiona la eficacia de algunas de las medidas adoptadas hasta ahora por varios gobiernos europeos para mitigar el impacto del encarecimiento de la energía. Considera que muchas de ellas son demasiado generales y reducen los incentivos para ahorrar energía, además de generar efectos indirectos sobre otros países importadores de combustibles. Por ello, propone que cualquier ayuda futura se dirija de forma más precisa a los hogares más vulnerables y que se diseñe de manera que no fomente un mayor consumo de combustibles fósiles. En este sentido, el organismo apunta que algunos países ya han demostrado que es posible ofrecer apoyo selectivo con un coste limitado para las arcas públicas. Las recomendaciones del Fondo cuestionan indirectamente medidas como la reducción del IVA sobre determinados combustibles, aplicada en España hasta finales de junio. Asimismo, rechaza la implantación de impuestos extraordinarios sobre los beneficios de las compañías energéticas, argumentando que este tipo de gravámenes puede desincentivar las inversiones necesarias para garantizar el suministro y acelerar la transición energética. Más allá de la coyuntura económica inmediata, el FMI también analiza algunas de las iniciativas impulsadas por la Unión Europea para reforzar su competitividad frente a economías como Estados Unidos o China. Entre ellas, destaca los avances destinados a profundizar en el mercado único y completar la denominada Unión de Ahorros e Inversiones, un proyecto que, según sus estimaciones, podría incrementar el PIB comunitario en torno a un 3% a largo plazo. El organismo considera igualmente prioritario culminar la unión bancaria europea, una reforma pendiente desde hace más de una década y que sigue siendo clave para fortalecer la integración financiera del bloque. Otra de las iniciativas valoradas positivamente es el desarrollo del euro digital. En cambio, el FMI se muestra más cauteloso respecto a la posibilidad de flexibilizar las normas de competencia para favorecer la creación de grandes grupos empresariales europeos capaces de competir a escala global. A su juicio, esta estrategia podría incrementar la concentración de mercado y reducir los incentivos a la innovación, especialmente en sectores que todavía presentan una fuerte fragmentación nacional, como la banca o las telecomunicaciones. En conjunto, el diagnóstico del Fondo dibuja un escenario de crecimiento débil, inflación persistente e incertidumbre elevada, en el que la estabilidad fiscal y la mejora de la competitividad serán factores decisivos para afrontar los desafíos económicos que plantea el actual contexto internacional.

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