(Expansión, 31-03-2025) | Mercantil, civil y administrativo
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no podrá implementar plenamente su estrategia arancelaria el próximo 2 de abril. Las tarifas recíprocas aún no estarán listas para la fecha que la Casa Blanca había marcado como el "Día de la Liberación", considerado un punto clave en la escalada de la guerra comercial que amenaza con desestabilizar el comercio internacional.
A pesar de esto, no hay dudas de que Trump seguirá adelante con su plan, ya sea aplicándolo de manera progresiva o improvisando como hasta ahora, mediante órdenes presidenciales que pueden contradecirse de un día para otro. ¿A qué se debe tanta incertidumbre? Según fuentes de la Casa Blanca, "los objetivos de los aranceles están en constante evolución".
Lo que inicialmente parecía una herramienta para renegociar acuerdos comerciales se ha convertido en el principal recurso del mandatario republicano para cumplir sus promesas de campaña. En palabras del propio Trump, su objetivo es "hacer que América sea rica de nuevo cobrando a otros países por hacer negocios" con la mayor economía del mundo.
Trump prometió a sus votantes una reducción histórica de impuestos, hipotecas más accesibles, una baja en el costo de vida, un crecimiento económico sin precedentes y la recuperación del empleo en las regiones industriales más afectadas de Estados Unidos. Sin embargo, el elevado nivel de endeudamiento del país hace que cumplir estas promesas sea una tarea difícil.
Los asesores del presidente trabajan contrarreloj para diseñar una estrategia arancelaria que genere la mayor recaudación posible. La semana pasada, cuando Trump anunció un arancel del 25% para todos los automóviles que no sean fabricados en el país, enfatizó que espera recaudar 100.000 millones de dólares a partir del 3 de abril, e incluso sugirió que en dos o tres años esta medida podría aportar hasta un billón de dólares a las arcas públicas.
Sin embargo, los economistas consideran estas proyecciones poco realistas, y la industria automotriz ya ha advertido sobre posibles interrupciones en la producción debido a la dificultad para obtener componentes esenciales. Esto se debe a que las cadenas de suministro han sido diseñadas dentro del marco del tratado de libre comercio que Estados Unidos mantiene con México y Canadá desde hace más de tres décadas.
A medida que entren en vigor más aranceles, tanto los planificados como los improvisados, y a su vez los países afectados impongan represalias, el impacto de esta guerra comercial será cada vez más grave. El umbral tarifario alcanzará niveles sin precedentes en la historia económica reciente, poniendo en riesgo no solo a los países rivales de Estados Unidos, sino también a sus aliados e incluso a su propia economía.
La Reserva Federal ya ha reducido sus previsiones de crecimiento del PIB para este año. Aunque no anticipa una recesión, todo dependerá de hasta dónde esté dispuesto Trump a llevar este enfrentamiento comercial. Lo que sí es seguro es que la inflación, en lugar de seguir moderándose, podría estancarse o incluso obligar al banco central a subir nuevamente las tasas de interés. Aunque este escenario es poco probable, no se descarta ninguna opción.
Ante el deterioro acelerado de la economía nacional, la Casa Blanca ha adoptado una postura más cautelosa y ha insinuado que la serie de aranceles que entrará en vigor el 2 de abril será menos agresiva de lo inicialmente previsto. "Nos han cobrado tanto que me da vergüenza aplicarles los mismos aranceles", ha declarado Trump.