(Cinco Días, 01-04-2025) | Mercantil, civil y administrativo

Christine Lagarde conoce de primera mano cómo actúa Donald Trump. Durante su primer mandato, ella ocupaba el cargo de directora gerente del Fondo Monetario Internacional, entre 2011 y 2019, con sede en Washington. En una entrevista reciente en France Inter, la actual presidenta del Banco Central Europeo (BCE) lo describió como alguien que enfoca todo desde una lógica transaccional: "Hace algo, le pone un precio, y espera un beneficio a cambio. Como si se tratara de un negocio", afirmó. Esta fue su única referencia directa a la personalidad del expresidente estadounidense.

Su mensaje principal, sin embargo, fue una llamada a Europa para que refuerce sus vínculos internos frente a la nueva oleada de aranceles que Trump podría anunciar o aplicar el próximo 2 de abril. "Nos encontramos a dos días de posibles cambios geopolíticos y geoeconómicos profundos impulsados por el presidente de EE. UU. Para Europa, esto puede marcar el inicio de una senda hacia una mayor autonomía. Él lo denomina el 'Día de la Liberación'. Yo lo veo como el momento en que debemos unirnos y tomar las riendas de nuestro futuro", señaló.

La presidenta del BCE advirtió que la guerra comercial tendrá efectos negativos. De hecho, el propio banco estima que las medidas ya comunicadas podrían reducir el PIB de la zona euro en tres décimas, cifra que aumentaría hasta medio punto si Bruselas decide responder con contramedidas, algo que parece inevitable. "Una guerra comercial siempre deja perdedores. No hay ganadores. Ni siquiera Estados Unidos, que sufrirá una subida de precios y una presión inflacionaria que afectará a los consumidores. Los fabricantes de coches allí están desesperados", comentó. Aunque una reacción europea pueda agravar la situación económica, Lagarde considera que es una señal necesaria. "Para tener una posición sólida en la negociación, debemos demostrar que no vamos a ceder", explicó, aunque recordó que esas decisiones corresponden a los Gobiernos, no al BCE.

Pese al panorama tenso, Lagarde ve una oportunidad para que Europa atraiga capitales que escapan de la incertidumbre generada por la administración estadounidense. "Debemos jugar nuestras cartas. Europa es una de las economías más grandes del mundo, y los inversores nos miran de otra manera desde hace un par de meses. Aquí se respeta la seguridad jurídica", destacó. Añadió que las empresas en la UE tienen más claridad sobre las normativas fiscales y otras reglas, y que esa estabilidad debe ser utilizada estratégicamente y con unidad.

También mencionó una fortaleza en el plano microeconómico: "Los europeos ahorran bastante más que los estadounidenses", apuntó. Sin embargo, lamentó que esos ahorros se destinen mayoritariamente a cuentas o depósitos de baja rentabilidad, y que en parte terminen invertidos en deuda estadounidense. "Estamos financiando la economía de EE. UU.", dijo. Por eso, abogó por una reflexión profunda sobre cómo canalizar mejor esos recursos dentro de Europa.

En un contexto tan volátil, Lagarde rechazó dar por finalizada la crisis inflacionaria, a pesar de que los precios ya se sitúan cerca del objetivo del BCE, con una previsión del 2,3%. "Ojalá pudiera decir que la situación está completamente bajo control. Es una lucha constante. Hemos pasado del 10,6% en octubre de 2022 a los niveles actuales, pero debemos mantenernos vigilantes", advirtió, recordando que los conflictos comerciales podrían frenar los avances logrados.

Además, explicó que el impacto de los aranceles se deja sentir incluso antes de que entren en vigor, ya que su sola expectativa altera las decisiones de inversión y consumo tanto en empresas como en consumidores. Aunque no mencionó explícitamente a Alemania, reconoció que los países con mayor peso exportador serán los más afectados. "Los más expuestos al comercio exterior serán los más golpeados", afirmó. Como aspecto positivo, subrayó que el principal socio comercial de Europa es el propio continente, por lo que instó a fortalecer las relaciones internas y a mejorar los mecanismos de toma de decisiones en las instituciones europeas para ganar agilidad.

Finalmente, Lagarde apeló a que los miembros del BCE mantengan una actitud de apertura y curiosidad intelectual para poder anticiparse a posibles amenazas para la estabilidad de precios, incluyendo factores como la Defensa, la energía o la salud. Recordó que las decisiones del BCE se sustentan en tres pilares: las previsiones de inflación, la inflación subyacente, y la manera en que sus medidas se trasladan a la economía real.

Sobre la próxima reunión del BCE, programada para los días 16 y 17 de abril, reconoció que existen diferencias de criterio entre quienes apuestan por seguir bajando tipos de interés y quienes abogan por una pausa. "Algunos quieren avanzar muy rápido. Otros prefieren ir paso a paso y analizar el terreno", comentó. ¿Y ella? "Yo me guío por los datos. No intento anticiparme ni hacer predicciones a corto plazo", concluyó.

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