(La Vanguardia, 27-03-2025) | Fiscal

La decisión de no ajustar a la inflación las principales deducciones aplicadas en la base del IRPF, como los mínimos personales y familiares o la reducción por tributación conjunta, entre 2021 y 2024, ha supuesto un mayor esfuerzo fiscal para las rentas medias. En concreto, quienes percibieron entre 21.000 y 30.000 euros anuales tuvieron que pagar hasta 458 euros adicionales, mientras que aquellos con ingresos de entre 30.000 y 60.000 euros afrontaron un incremento de hasta 622,5 euros en su carga tributaria. Así lo concluye un estudio realizado por Desiderio Romero-Jordán, publicado este miércoles por Funcas, que analiza el impacto de la inflación en la presión fiscal soportada por los contribuyentes en los últimos años.

La falta de actualización del IRPF conforme al encarecimiento de la vida ha aumentado la recaudación en 9.750 millones de euros en el periodo 2021-2024, con un impacto especialmente significativo en las rentas medias. Según los cálculos de Funcas, cada declarante en este tramo ha debido asumir un esfuerzo fiscal adicional de 458 euros de media, mientras que para las rentas medias-bajas el sobrecoste ha sido de 311 euros y para las medias-altas, de 622 euros. Este fenómeno, conocido como 'progresividad en frío', ha intensificado la carga fiscal sin necesidad de cambios legislativos explícitos.

El análisis de Funcas también destaca el papel de la inflación en el incremento de la recaudación del impuesto sobre la renta, especialmente a raíz del aumento generalizado de los precios tras la pandemia. Además, si se considera el efecto del IVA, el coste fiscal acumulado para un hogar medio asciende a aproximadamente 1.100 euros. Romero-Jordán advierte que, sin medidas correctivas, este impacto seguirá aumentando a razón de unos 200 euros anuales, por lo que propone la indexación periódica del impuesto como una posible solución técnica. No obstante, reconoce que esta medida podría resultar controvertida desde el punto de vista político, ya que beneficiaría también a las rentas más elevadas.

Por otro lado, los economistas Santiago Carbó y Francisco Rodríguez han analizado la divergencia entre las políticas monetarias del Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal de Estados Unidos. Mientras que la Fed ha mantenido tipos de interés elevados debido a la fortaleza de la economía estadounidense, el BCE ha iniciado un ciclo de recortes para estimular el crecimiento en la Eurozona, reduciendo los tipos en 150 puntos básicos desde junio de 2024. Sin embargo, advierten que esta estrategia podría generar riesgos adicionales, como una depreciación del euro que impulsaría las exportaciones pero también aumentaría la inflación importada, lo que podría llevar al BCE a reconsiderar su política expansiva.

En este contexto de incertidumbre, los expertos alertan sobre el impacto de factores como la presión geopolítica, el auge del proteccionismo y los estímulos fiscales europeos, que podrían complicar aún más la gestión de la inflación y el crecimiento.

En otro ámbito, el informe de Miguel Ángel González aborda uno de los principales desafíos socioeconómicos en España: el acceso a la vivienda. Su análisis revela que la oferta inmobiliaria no ha crecido al mismo ritmo que la demanda, lo que ha generado una mayor concentración de la escasez en regiones como Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Málaga, que juntas acumulan más del 50% del déficit residencial del país. Entre 2019 y 2024, varias comunidades han experimentado un aumento de precios más pronunciado que en el lustro anterior, reflejando un agravamiento del desequilibrio entre oferta y demanda. Como solución, González propone una serie de reformas inspiradas en experiencias europeas, centradas en la agilización de los procesos urbanísticos, el fomento de la vivienda asequible en alquiler y una mejor coordinación entre administraciones.

Por último, José Manuel Amor, Camila Figueroa y María Romero analizan el desempeño económico de los países del sur de Europa en comparación con los del norte. A pesar de haber sido más afectados por la crisis de deuda, las economías mediterráneas han logrado mejorar su posición relativa gracias a reformas estructurales, una mejor adaptación a la coyuntura económica reciente y una menor vulnerabilidad a los shocks energéticos. No obstante, aunque esta evolución positiva tiene un componente estructural cada vez más evidente, los expertos advierten que persisten importantes desequilibrios fiscales. Subrayan que, para consolidar estos avances y evitar recaídas en las divergencias económicas del pasado, los países del sur deben abordar con urgencia las reformas pendientes.

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