(Cinco Días, 28-03-2025) | Mercantil, civil y administrativo
El déficit comercial de Estados Unidos se disparó un 60% en febrero por los aranceles de Trump
Los aranceles impuestos por Donald Trump están generando, por el momento, un efecto contrario al que el expresidente pretendía. Sus amenazas de establecer altos impuestos a la importación de diversos productos han acelerado las compras en lugar de frenarlas. Como resultado, el déficit comercial ha alcanzado cifras récord, con un aumento significativo en enero y una tendencia similar en febrero, según los datos provisionales publicados por la Oficina del Censo de Estados Unidos este jueves. Este desajuste también impacta negativamente en la economía estadounidense, que no está reaccionando bien a las políticas comerciales de Trump. En febrero, el déficit comercial internacional ascendió a 147.914 millones de dólares, según cifras ajustadas estacionalmente. Aunque supone un leve descenso respecto al récord registrado en enero, sigue siendo la segunda cifra más alta en la serie histórica y representa un aumento del 60% en comparación con los 92.309 millones del mismo mes del año anterior. Las exportaciones de bienes totalizaron 178.599 millones de dólares, un incremento de 4.312 millones respecto al año anterior. Sin embargo, el mayor aumento se produjo en las importaciones, que sumaron 326.513 millones de dólares, superando los 266.596 millones registrados en enero de 2024. El incremento de las importaciones y del déficit se concentra en sectores como suministros industriales (incluido el petróleo), bienes de capital y productos de consumo. Sin embargo, los datos preliminares no detallan aún la evolución del comercio por países, información que se publicará más adelante. Los aranceles impulsados por Trump apenas habían comenzado a aplicarse en marzo. En medio de su cambiante política comercial, el expresidente decidió posponer los gravámenes a productos de México y Canadá justo antes de su entrada en vigor, pese a haberlos aprobado previamente. En el caso de China, en cambio, se impuso un arancel del 10% a todas las importaciones, aunque posteriormente rectificó, eximiendo de esta tasa a los envíos de menos de 800 dólares. Su falta de planificación generó un colapso en las aduanas. Trump ha continuado con decisiones inconsistentes en la guerra comercial que ha declarado a distintos países. En marzo, entraron en vigor los aranceles del 25% sobre el acero y el aluminio, junto con un 10% adicional para importaciones chinas (exceptuando las de menor volumen). También se aplicaron, aunque de forma temporal, aranceles a productos de México y Canadá, pero fueron nuevamente suspendidos hasta el 2 de abril para aquellos acogidos al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). Esta misma semana, el expresidente aprobó nuevos aranceles del 25% para productos procedentes de países que compren petróleo a Venezuela. Además, autorizó gravámenes del 25% sobre la importación de automóviles y sus componentes, que entrarán en vigor el 3 de abril con algunas excepciones mínimas. Esta medida afectará a automóviles de pasajeros, camionetas y furgonetas, así como a piezas clave como motores, transmisiones y componentes eléctricos. La Casa Blanca ha indicado que podrían ampliarse los aranceles a más piezas si fuera necesario. Los importadores de automóviles dentro del marco del TMEC podrán certificar el contenido estadounidense de sus vehículos, de modo que el arancel del 25% solo se aplique a la parte no fabricada en EE. UU. Asimismo, las piezas que cumplan con los requisitos del tratado quedarán exentas de aranceles hasta que el Departamento de Comercio establezca un mecanismo para gravar únicamente el contenido no estadounidense. El momento clave de esta guerra comercial llegará, en principio, la próxima semana, aunque sujeto a posibles cambios de última hora por parte de Trump. El 2 de abril ha sido bautizado por su administración como el "Día de la Liberación", fecha en la que entrarán en vigor los denominados "aranceles recíprocos". Sin embargo, el criterio para su aplicación parece basarse más en el déficit comercial de cada país que en los impuestos que estos imponen a EE. UU. En declaraciones recientes, Trump intentó minimizar el impacto de las medidas: "Seremos muy indulgentes", afirmó desde el Despacho Oval. "La gente se va a sorprender. En muchos casos, los aranceles serán inferiores a los que nos han impuesto durante décadas. Otros países no nos han tratado bien, pero nosotros seremos amables. Habrá gratas sorpresas", añadió. No obstante, su credibilidad en materia comercial ha quedado en entredicho debido a la falta de coherencia en sus decisiones y sus constantes cambios de postura. A pesar de que los aranceles europeos son generalmente inferiores a los estadounidenses, Trump pretende penalizar a la Unión Europea argumentando que su éxito comercial se debe a prácticas proteccionistas. Entre sus justificaciones, sostiene -de manera errónea- que el impuesto sobre el valor añadido (IVA) es una barrera arancelaria encubierta y que la UE impone otras restricciones comerciales a los productos estadounidenses.
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